El sacrificio de un ciervo sagrado

 

Acercarse a Yorgos Lanthimos es todo un riesgo. Recuerdo que les puse a unos alumnos cristianoides Canino y casi se caen de espaldas. Langosta aún no la he visto y sé que precede a ésta. Y lo hago, fundamentalmente, esperando que se haya producido un giro en su “difícil” filmografía de la mano de un inconmensurable Colin Farrell y, una vez más espléndida,  Nicole Kidman, además de  Barry Keoghan a quién descubrí el ya año pasado de la mano de Phil Nolan y Dunkerke. Sin embargo, a pesar de un atisbo inicial de buen cine, que eso no puedo discutírselo, ni mucho menos, de nuevo su surrealismo, al más puro estilo “buñueliano” me deja a cuadros. Es indescifrable para mí, definitivamente.

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